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Simón Bolívar, 234 años del Libertador
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Creado: 06-07-2017
El Mes Categoría: 
Date of History: 
Lunes, Julio 24, 2017

Militar venezolano, Libertador de América (Caracas, julio 24 de 1783.  Santa Marta, Colombia, diciembre 17 de 1830).

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, el Libertador, creador de Bolivia, fundador de la primera Colombia, héroe máximo de la independencia de seis repúblicas de hoy, nació en una cuna aristocrática, dueño de una rica fortuna entonces representada por minas, haciendas cacaoteras y cientos de esclavos. Pero su desinterés, inteligencia y rebeldía hicieron que, a la vuelta de pocos años y después de unas cuantas decisiones radicales, se pusiera a la cabeza del más profundo y vigoroso movimiento insurreccional llevado a cabo en el sur de América.

Los años anteriores a la libertad

Hijo del coronel Juan Vicente y de María Concepción, Bolívar quedó huérfano de padre cuando tenía tan sólo dos años y medio (1786), y de madre a los nueve (1792); vivió con su abuelo materno Feliciano Palacios, y a su muerte, quedó al cuidado de su tío y tutor Carlos Palacios. A los 12 años, en julio de 1795, huyó de la casa del tío para vivir con su hermana casada María Antonia; de donde se le envió a vivir a casa del maestro de primeras letras, el jacobino socialista Simón (Carreño) Rodríguez, hombre de cultura política avanzada que mucho influyó en la educación del futuro Libertador. Pero Simón Rodríguez, como se quiso llamar él mismo, se fue de Caracas en 1797. Otro ilustre caraqueño, Andrés Bello (1781-1865), le dio clases de historia y geografía, y el padre capuchino Francisco Andújar le enseñó matemáticas.

A comienzos de 1799 fue enviado a Madrid, donde otros tíos. Esteban y Pedro Palacios se encargaron de afinar su educación, puliéndola en extremo. Ese refinamiento se le debe en parte al sabio marqués Jerónimo de Ustáriz y Tobar, caraqueño avecindado en Madrid, que se encargó de darle a Bolívar, entre los 16 y 19 años, la educación de un cortesano: amplio conocimiento de la cultura clásica, literatura y arte, francés, esgrima y baile.

En Madrid conoció a María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza (1781-1803), de quien se enamoró profundamente. Se casaron en 1802, no obstante la juventud de los dos, ella de 21 y él un poco menor, de 19. Su proyecto de vida era el propio de un heredero de ricas haciendas: fundar un hogar, tener hijos, acrecentar las propiedades. Pero la suerte les dio otro destino, porque a los pocos meses de llegados a Venezuela, María Teresa murió de fiebre amarilla. Fue el único matrimonio de Bolívar, y a lo largo de su vida fue fiel a su promesa de no volverse a casar, pero amó, y con frecuencia, a otras mujeres.

La vida de Bolívar entre 1802, antes de su matrimonio, y 1806, está caracterizada por el despilfarro y la banalidad. Estando en Roma un día de agosto de 1805, en el Monte Aventino juró, ante su maestro Rodríguez, regresar a América y prestarle apoyo a la lucha armada.

Por entonces muchas ideas políticas de avanzada ya eran del dominio público: la república electiva, la igualdad ante la ley, la abolición de la esclavitud, la separación de la Iglesia y el Estado, la tripartición de poderes, la libertad de cultos y el derecho de gentes (los derechos humanos) constituían, por así decirlo, el consenso americano, pero faltaba quien hiciera realidad, acto de gobierno, todo ese proyecto liberador. Y era imposible hacerlo en una colonia, puesto que no se trataba de cambiar de rey, sino de abolir la monarquía; ni de discutir los yerros de la dominación española, sino de imponer la soberanía del pueblo. Por todo eso se debía hacer la guerra. A fines de 1806, al saber que Francisco de Miranda (1750-1816) se dedicaba a fomentar la guerra en Venezuela, Bolívar decidió regresar, y después de un recorrido por Estados Unidos, llegó a Venezuela a mediados de 1807.

Se inicia proyecto campaña admirable

Al estallar la chispa insurreccional en Caracas, el 19 de abril de 1810, cuando el pueblo desconoció al gobierno colonial de Vicente Emparán, Bolívar, en compañía de Andrés Bello y Luis López Méndez, fue nombrado por la junta revolucionaria como comisionado ante el gobierno británico, con la exacta instrucción de convencer al ministro de Asuntos Exteriores, Lord Wellesley, de apoyar la insurrección caraqueña. En diciembre de 1810 regresó Bolívar a Caracas con pocos triunfos diplomáticos, porque el gobierno inglés, aunque simpatizaba con los actos independentistas de los americanos, como una manera de socavar la hegemonía española en este continente, estaba unido a España por un tratado de alianza.

Mientras tanto, Bolívar había convencido al general Francisco Miranda para que lo acompañara en un nuevo esfuerzo por consolidar la independencia de su patria. En 1811, bajo las órdenes de Miranda, contribuyó a someter a Valencia, y en 1812, a pesar de sus esfuerzos por defender la plaza de Puerto Cabello, a él confiada, no logró evitar que cayera en manos de los realistas debido a una traición. Desilusionado por la rendición del generalísimo Miranda ante el jefe español Domingo de Monteverde, pero deseoso de continuar la lucha, Bolívar decidió, en unión de otros jóvenes oficiales, apresar a Miranda. Aunque Bolívar no lo entregó a los españoles, otros sí lo hicieron, y el infortunado precursor fue embarcado preso hacia Cádiz, donde murió poco después.

Bolívar se trasladó a Curazao y luego a Cartagena de Indias, donde escribió uno de sus más célebres documentos, la "Memoria dirigida a los ciudadanos de la Nueva Granada por un caraqueño", conocido también como Manifiesto de Cartagena (diciembre 15 de 1812). Allí se opuso a la copia acrítica de fórmulas políticas buenas para «repúblicas aéreas», criticó el federalismo como inadecuado para los nuevos Estados emergentes, sugirió la formación de un ejército profesional en vez de milicias indisciplinadas, proclamó la necesidad de centralizar los gobiernos americanos y propuso una acción militar inmediata para asegurar la independencia de Nueva Granada, consistente en reconquistar a Caracas, que era, a su sentir, la puerta de toda la América meridional. Propuso, en fin, pasar a la ofensiva estratégica.

En la práctica, esa fue la campaña que de inmediato llevó Bolívar a cabo con éxito notable, acrecentando su prestigio de supremo director de la guerra. Así pues, a la cabeza de un pequeño ejército, limpió de enemigos los márgenes del Magdalena, ocupó en febrero de 1813 a Cúcuta, y en sólo 90 días, entre mayo y agosto, liberó a Venezuela en una rápida y fulgurante sucesión de batallas. Por eso esta campaña recibió el nombre de Admirable y Bolívar fue aclamado por vez primera como Libertador, título oficial que le concedió la ciudad de Caracas en octubre de ese año y con el que será universalmente reconocido.

Sin embargo, el establecimiento, por segunda vez, de la república en Venezuela no duró mucho tiempo. 

El asturiano realista José Tomás, Boves (1782-1814), venció a los patriotas en el combate de La Puerta (junio de 1814), obligándolos a evacuar la ciudad de Caracas. Bolívar logró escapar a Cartagena otra vez, donde podía hallar refugio y renovados apoyos. Cuando todo parecía llegar a su fin, derrotado y desconocido por sus antiguos partidarios, Bolívar lanzó en Carúpano (septiembre de 1814) un manifiesto lleno de serenidad, con la mira puesta en el futuro, superando las aciagas circunstancias momentáneas. Propuso algo más que la independencia, que es la libertad, se declaró culpable de los errores cometidos pero inocente de corazón, y se sometió al juicio del Congreso soberano: «Libertador o muerto dijo- mereceré el honor que me habéis hecho, puesto que ninguna potestad humana podrá detenerme hasta volver segundamente a libertaros».

 

Carta de Jamaica (1815)

Al servicio de la Nueva Granada, Bolívar recibió la orden del Congreso de ocupar la provincia disidente de Cundinamarca para incorporarla a las Provincias Unidas. Cercó entonces a Bogotá, la que pese a la excomunión eclesiástica, logró tomar sin derramamiento de sangre. De esta manera, en enero de 1815, se pudo trasladar el Congreso de Tunja a Santafé. Enseguida partió el Libertador a Santa Marta, pero en Cartagena se encontró con la hostilidad de Manuel del Castillo, que aunque del ejército patriota, abrigaba de tiempo atrás resentimientos contra Bolívar. Bolívar había decidido poner sitio a Cartagena, pero desistió para evitar el enfrentamiento armado que hubiera sido el comienzo de una guerra civil cuando más se necesitaba la unión, porque se acercaba la reconquista española de Pablo Morillo, al frente de 15 mil veteranos. Bolívar emigró a Jamaica, el 14 de mayo de 1815.

Ante tan desesperada situación, Cartagena, asediada por Morillo, proclamó en octubre su anexión a Inglaterra en busca del apoyo británico. El duque de Manchester, gobernador de Jamaica, hizo caso omiso de la solicitud cartagenera. Bolívar se dedicó en Kingston a una intensa campaña publicitaria en The Royal Gazette. Escribió varias cartas públicas a comerciantes ingleses, describiendo la situación de América en su conjunto, con realismo, ecuanimidad y clarividencia, a tal punto que todo lo allí indicado se cumplió cabalmente a lo largo del siglo XIX. Por eso han sido llamadas proféticas esas cartas, en especial la firmada el 6 de septiembre de 1815, dirigida a Henry Cullen, "Contestación de un americano meridional a un caballero de esta isla" Nuevamente la estrategia integracionista de Bolívar para hacer de América una respetable «nación de repúblicas» tuvo aquí su presencia.

Tal vez en la vida de Bolívar no hubo otro año más desastroso que 1815, pues no sólo se vio exiliado y sin recursos, sino que fue víctima de un intento de asesinato a manos de su antiguo criado Pío, sobornado por los agentes de Salvador de Moxó, gobernador realista de Caracas. Se trasladó entonces a la República de Haití, donde su presidente, Alejandro Pétion, le proporcionó magnánima ayuda con la condición única de que otorgara la libertad a los esclavos negros, lo que ocurrió el 2 de junio de 1816. Ese mismo año retornó a Haití, donde se pertrechó por segunda vez y volvió a la carga.

Campaña Libertadora Batalla de Boyacá (1819)

En febrero de 1819 Bolívar convocó y logró reunir un congreso en Angostura, donde pronunció un discurso considerado después como el más importante documento político de su carrera de magistrado. Presentó también un proyecto de Constitución. Mientras tanto, uno de sus generales, Francisco de Paula Santander (1792-1840) había organizado un considerable ejército en los llanos orientales neogranadinos; y el general llanero José Antonio Páez (1790-1883), había levantado un temible ejército de lanceros.

En mayo de 1819, Bolívar le confió al vicepresidente nombrado en Angostura, Francisco Antonio Zea, que desde hacía mucho había meditado una empresa que «sorprenderá a todos porque nadie está preparado para oponérsele». A Santander le había ordenado días antes que concentrara «todas sus fuerzas en el punto más cómodo y favorable para entrar al interior» de la Nueva Granada. Envió a Páez a los valles de Cúcuta como táctica de distracción; pues siempre pensó sorprender al general José María Barreiro y sus 4500 hombres, penetrando al territorio realista por el lugar menos propicio. Con los 2100 hombres que llevó Bolívar y los 1300 que tenía Santander, se llevó a cabo el epopéyico tramonte de los Andes.

El 7 de agosto se dio la batalla del Puente de Boyacá donde el ejército español fue derrotado y el propio Barreiro y su alta oficialidad cayeron prisioneros. A consecuencia de esta batalla de cuatro horas, el oriente de ' América meridional quedó liberado, incluyendo a Santafé, su capital.

El virrey Juan Sámano, al enterarse del desastre, huyó de Santafé dejando intacto el tesoro real, calculado en un millón de pesos de oro. Morillo escribió al rey de España: «Bolívar en un solo día acaba con el fruto de cinco años de campaña y en una sola batalla reconquista lo que las tropas del Rey ganaron en muchos combates». Bolívar dejó el mando de la Nueva Granada al general Santander, y retornó a Venezuela. En Angostura, a propuesta suya, el Congreso expidió la Ley Fundamental de la República de Colombia (diciembre 17 de 1819). Aunque por corto tiempo, el ideal integrador de una gran nación americana inició así su hermosa realidad.

 

Liberación de Ecuador, Venezuela y Perú

En enero de 1820 estalló en España la revolución del general Rafael Riego, quien se opuso a la reconquista americana y facilitó la firma en Trujillo, Venezuela, de un armisticio y un tratado para la regulación de la guerra. Al cese de la tregua, los ejércitos patriotas reiniciaron la lucha independentista, lográndose la victoria el 24 de junio de 1821 en la sabana de Carabobo. Los restos del ejército español se refugiaron en Puerto Cabello, y en 1823 se rindieron incondicionalmente. Ahora Venezuela quedó libre y sólo faltaba Ecuador, donde aún permanecían los realistas.

Bolívar se encaminó por Bogotá hacia el sur, mientras el general Antonio José de Sucre (1795-1830) hacía lo mismo desde Guayaquil. En Bomboná se venció la resistencia de los pastusos y en Pichincha, el 24 de mayo de 1823, se liberó definitivamente al Ecuador, quedando así integrado el bloque de países grancolombianos.

Posteriormente, el 6 de agosto de 1824, Bolívar derrotó en Junín (Perú) al Ejército Real, y pocos meses después, el 9 de diciembre, se libró la batalla de Ayacucho, el más grande enfrentamiento de tropas que ha habido en toda la historia de América hasta hoy, pues pelearon 5780 aliados americanos contra 9320 realistas, con el que terminó la etapa militar de la independencia americana.

En 1827, Bolívar regresó a Bogotá y asumió la Presidencia de la República, desplazando a Santander, quien la ejercía como vicepresidente ejecutivo. Para conciliar los ya dos bandos opuestos, bolivaristas y santanderistas, se convocó a una Convención Nacional, en Ocaña, en 1828, que fracasó rotundamente dejando al país sin una ley fundamental. Ante la virtual anarquía, Bolívar asumió en agosto la dictadura que le ofrecían los pueblos. Pero el 25 de septiembre, un grupo de teóricos radicales conspiró contra Bolívar para darle muerte. La oportuna intervención de la quiteña Manuelita Sáenz le salvó la vida, gracias a su desplante y serenidad ante los asesinos. Aunque Bolívar quiso ser magnánimo con sus enemigos, el auge que había tomado el partido antibolivariano y la situación general del país aconsejaron al gobierno actuar con severidad. Pero el Libertador cayó preso de una mortal tristeza.

Años Finales

Los últimos dos años de la vida de Bolívar están llenos de amargura y frustración. Hizo un balance de su obra, comprobando que lo más importante quedó sin hacer mientras lo hecho se desmoronaba.

El general José María Córdova, uno de sus más cercanos amigos, dirigió una revuelta y fue asesinado. El general Páez, desobediente y desleal, se le insubordinó también y declaró la separación de Venezuela. Se vio obligado a expulsar de Colombia a Santander, antes uno de sus mejores aliados. A comienzos de 1830, Bolívar regresó a Bogotá para instalar otra vez un Congreso Constituyente; ante esa soberanía, renunció irrevocablemente.

Cada vez más enfermo, logró llegar a Cartagena a esperar el buque que lo alejaría de tanta ingratitud. Allí recibió la noticia de que Sucre, el más capaz de sus generales y tal vez el único que podía sustituirlo, había sido asesinado en Berruecos, a los 35 años de edad. Entonces, aceptó la hospitalidad que le ofrecía el generoso español Joaquín de Mier, para llevarlo a su finca, un trapiche llamado San Pedro Alejandrino, en las proximidades de Santa Marta, a descansar. Tradicionalmente se ha dicho que Bolívar estaba tuberculoso, pero algunos médicos sostienen hoy día que una amibiasis le atacó el hígado y los pulmones. Dictó testamento el 10 de diciembre de 1830. Ese mismo día emitió su última proclama pidiendo, rogando por la unión.

Siete días después, a la una de la tarde, como dijo el comunicado oficial, «murió el Sol de Colombia». Vivió 47 años, 4 meses y 23 días. Sepultado en la iglesia mayor de Santa Marta, allí quedó su corazón, en una urna, cuando los restos fueron llevados a Caracas doce años después. Un recuento de su obra militar no encuentra similar en la historia de América. Participó en 427 combates, entre grandes y pequeños; dirigió 37 campañas, donde obtuvo 27 victorias, 8 fracasos y un resultado incierto; recorrió a caballo, a mula o a pie cerca de 90 mil kilómetros, algo así como dos veces y media la vuelta al mundo por el Ecuador; escribió cerca de 10 mil cartas, según cálculo de su mejor estudioso, Vicente Lecuna; de ellas, se conocen 2939 publicadas en los 13 tomos de los Escritos del Libertador; su correspondencia está incluida en los 34 tomos de las Memorias del general Florencio O'Leary; escribió 189 proclamas, 21 mensajes, 14 manifiestos, 18 discursos y una breve biografía, la del general Sucre. Personalmente, o bajo su inspiración, se redactaron cuatro Constituciones, a saber: la Ley Fundamental del 17 de diciembre, creadora de Colombia (Angostura); la Constitución de Cúcuta (1821); el proyecto de Constitución para Bolivia (1825); y el decreto orgánico de la dictadura (1828).

Fuente: Gustavo Vargas Martínez  http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/biografias/bolisimo.htm