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De paseo por la luna
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Creado: 13-05-2016
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La primera vez que fui a la Luna la sentí fría y oscura. No recuerdo bien si fue en clase de Ciencias o de Matemáticas, pero lo que sí recuerdo es que la profesora era Susana, la misma Susana que me había enseñado las vocales el año anterior, en kinder. Ahora, en transición, ya me sabía las vocales pero me costaba trabajo concentrarme y por eso me fui de paseo a la Luna. Cuando regresé, Susana me estaba preguntando yo no sé qué cosas, y lo único que pude hacer fue balbucear, enrojecerme y aguantar las ganas de llorar cuando todos los niños del salón empezaron a reírse de mí. Ese año no volví a la Luna, o al menos no lo recuerdo.

Durante la primaria, la Luna se convirtió en uno de los lugares que más frecuenté. Desde primero hasta quinto creo que no pasó ni una semana sin que, durante algunas de las clases, yo me fuera a recorrer los parajes oscuros y callados de una Luna que ahora me parecía hermosa, grande y llena de emociones. Cuando viajaba en clase de Música sentía que me envolvía una hermosa melodía cuando caminaba por sus valles.

Cuando viajaba en clase de Sociales me encontraba con seres que hablaban otros idiomas y que vivían en casas muy extrañas, llenas de túneles y lagos. Cuando viajaba en clase de Matemáticas, contaba sin parar las veces que le daba la vuelta a la torre de control del aeropuerto de naves espaciales, que yo mismo había ayudado a construir durante uno de mis viajes en clase de Ciencias. Me volví un experto en la Luna e incluso pegué un afiche con su foto en el techo de mi habitación, para poderla ver aun cuando las nubes taparan el cielo.

Durante el bachillerato fueron pocas las veces en que pisé terreno lunar. En sexto y séptimo, las voces de Verónica y Mariana no dejaban de atormentar mi cerebro y por eso no podía concentrarme para iniciar el viaje. El resto de años me pareció cosas de niños llegar al sitio que tantas veces había visitado, así que cuando se presentaba la oportunidad prefería dormir o hacerme el que estaba pensando, para que los profesores no se dieran cuenta de que no había llevado la tarea. Quité el afiche de mi cuarto y lo cambié por la foto de un grupo de rock, un carro de carreras y una foto de mis papás cuando se estaban casando. La foto me parecía cursi, pero desde que se habían separado era la única forma que tenía de verlos juntos y soñar con que algún día volveríamos a ser felices, como en la época en que visitaba la Luna permanentemente.

Hoy en día, la Luna me apasiona. La veo a distintas horas y desde distintos lugares, conozco tanto cada uno de sus valles, de sus montañas, de las cráteres que han marcado su rostro, haciendo evidente que muchas veces rocas de los confines del universo la han golpeado sin piedad. He tomado fotos de la Luna y varias de ellas están como fondo de escritorio y salva-pantallas en mi computador. Soy astrónomo profesional y mi proyecto de investigación es establecer una base humana permanente en la Luna, con casas con túneles y lagos en las que los niños puedan meterse sin miedo, en la que la torre de control esté siempre ocupada observando el movimiento de las naves que entran y salen.

Quiero que la Luna sea el hogar de una generación que mire al cielo y vea a la Tierra a distancia. No sé por qué, pero la idea me parece hermosa, tal vez la única forma de comprender que lo que nos acerca unos a otros no es el lugar en que vivimos, sino los sueños que compartimos. 

 

¡Gracias Profes por enseñarnos a soñar!