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Autor: Anonymous (no verificado)
Creado: 09-03-2015
Educación Categoría: 
Los aspectos metodológicos son importantes pero lo es más su uso con fines de política pública - Micrositios
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Los aspectos metodológicos son importantes pero lo es más su uso con fines de política pública

Alberto Rodríguez R
Estadístico - Universidad Nacional de Colombia

El estudio de la medición de la deserción  estudiantil en la educación superior en Colombia ha suscitado un interés central desde hace más de una década. Durante este periodo se han dado importantes discusiones que han ido desde si el concepto "deserción" es el mejor dado que él implica una condición de voluntariedad que en muchos casos está lejos de la realidad de aquellos estudiantes que integran este no tan honroso grupo; si el mejor mecanismo de medición es el trasversal (periodos) o el longitudinal (cohortes),  es decir, la foto en un momento dado del tiempo o aquella que le hace seguimiento a un grupo de estudiantes por un determinado  tiempo después del cual se indaga por quiénes aún permanecen y quiénes no;  el reto de definir a partir de cuándo se debe considerar que un estudiante ha desertado definitivamente y cuándo aún tienen posibilidades, por bajas que éstas sean, de retornar y continuar sus estudios universitarios; la discusión sobre si la deserción debe analizarse a la par con los conceptos de graduación y alta permanencia o si ésta es ajena a dichas realidades, etc. Seguramente estas discusiones y otras más, por fortuna, se continuarán dando en el país y con ellas  enriqueciendo y alcanzando la altura que el debate sobre la medición de este fenómeno merece.

A la par con el debate tanto las Instituciones de Educación Superior (IES) como el Ministerio de Educación Nacional (MEN) han implementado sistemas de seguimiento y medición de la deserción en los cuales se ha tratado de respetar los mayores acuerdos metodológicos alcanzados e igualmente han asumido alternativas intermedias en aquellos aspectos en disenso. Un gran y exitoso ejemplo es el SPADIES del MEN el cual hace seguimiento a la deserción estudiantil en un número importante de programas e IES del país. Este sistema respetó la perspectiva longitudinal y la trasversal de la medición y definió, por ejemplo, que dos semestres consecutivos sin renovación de la matrícula era un periodo de tiempo suficiente para considerar que un estudiante ha desertado definitivamente, hecho que sin duda puede estar afectando a algunos programas o IES y que su impacto está pendiente de ser evaluado.

Para los estadísticos  o aquellos profesionales con altas competencias cuantitativas es un hecho que la medición de la deserción genera importantes retos a trabajar. No obstante, en un plano superior los datos o la información son tan solo los dos primeros eslabones de la cadena de valor pues a partir de ellos se generan dos eslabones adicionales que son el conocimiento generado a partir de la información obtenida  y las decisiones de política pública que a partir de ella se generan. Que se tomen decisiones de política pública con base en información es la verdadera justificación de la existencia de sistemas de seguimiento de indicadores de la educación en general y de la deserción estudiantil en particular pero, ¿qué pasa cuando en los dos últimos eslabones de la cadena de valor del dato (conocimiento y decisión de política) se altera la forma original de la medición?.

Las decisiones de política pública en el país basadas en los datos de deserción estudiantil han optado por abordar el fenómeno desde una perspectiva proactiva. Evidencia de ello es que las metas definidas por el gobierno nacional optaron por usar la deserción desde una perspectiva trasversal (inter-semestral) y no desde una perspectiva de cohortes; desde luego que es menos impactante para el Estado y para una sociedad desinformada hablar de una deserción que ronda un 12% por periodo de medición que aquella que ronda un 50% por cohorte de ingreso (posiblemente la real). En este mismo sentido, desde hace dos años atrás el Modelo de Indicadores SUE a partir del cual se distribuye un número importante de recursos entre las 32 universidades públicas del país optó por reemplazar el indicador de tasa de deserción por el de su complemento proactivo, el de retención estudiantil.  A continuación se presenta la fórmula de retención implementada por el modelo SUE en su respectivo protocolo.

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Medir de esta forma la retención estudiantil no está mal, no obstante, creer que ésta es el lado proactivo puro de la deserción puede tener serios problemas debido a que, como se evidencia en la anterior fórmula, ella está mediada por el total de estudiantes matriculados hecho que genera un fenómeno esperado: aquellas IES, sin importar mucho lo que pase con sus tasas de deserción, que tengan un alto número de estudiantes matriculados, serán las que tendrán un mayor número de estudiantes retenidos y aquellas IES, con un número bajo de estudiantes matriculados, así sus tasas de deserción sean muy bajas, tendrán una menor cantidad de estudiantes retenidos y por ende  serán percibidas como menos eficientes que las grandes según la filosofía del Modelo SUE. Si la intención es la de medir la cara positiva de la deserción, posiblemente el indicador de retención propuesto por el SUE es un claro ejemplo de una iniciativa que hace correctamente lo incorrecto; es decir, mide la retención correctamente pero esta manera de medir no es la correcta para evaluar el impacto proactivo de la deserción estudiantil.

La preguntas que surgen son entonces las siguientes:

  • ¿Dónde comienza la responsabilidad para los estudiosos de la forma correcta de medir la deserción estudiantil y dónde termina?
     
  • ¿Será que debemos ir más allá de los dos primeros eslabones de la cadena de valor del dato y estar atentos al conocimiento que se deriva y uso político que se hace de los mismos?

Para mí, ¡los aspectos metodológicos son importantes pero cada vez más lo es el uso con fines de política pública¡ que se hace con los indicadores educativos.

 

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