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Estudiantes de Básica y Media
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La mujer y su formación estética, ética, política y lógica: construcción de una mejor sociedad.
Creado:14-02-2017

Presentación

Por: Lina María Álvarez Uribe y Norberto Caro Torres

“La Historia nos muestra que los hombres siempre han ejercido todos los poderes concretos; desde los primeros tiempos del patriarcado, han juzgado útil mantener a la mujer en un estado de dependencia; sus códigos se han establecido contra ella; y de ese modo la mujer se ha constituido concretamente como lo Otro”.

Simone de Beauvoir (1949:70).

Este trabajo sobre la mujer, la paz y la equidad se inició en el 2017 con los alumnos del grado noveno. El objeto de estudio son las desigualdades sociales de la mujer a través de obras latinoamericana escritas por mujeres y algunas por hombres.

La problemática que se identificó fue la poca participación de las niñas en la academia desde la lectura y la escritura, la agresión entre ellas por hombres, muchas llegan a la secundaria y  empiezan a comportarse como si tuvieran más edad: se maquillan, le suben el ruedo a las faldas, demuestran un afán desmedido por tener novio, por casarse al terminar sus estudios o antes, rivalizan por cualquier situación, se insultan por Facebook o físicamente. Este comportamiento se perpetúa en la edad juvenil y lo peor es que muchas ni siquiera terminan el bachillerato y en casos más lamentables no continúan sus estudios porque quedan en embarazo a temprana edad.  Situación que perpetúa el sometimiento, el no-ser  dentro de la sociedad, además de continuar con la cadena de pobreza en cada país.

Web:  http://lofemeninoenlaliteratura.jimdo.com/

Para sintetizar la problemática formulamos la pregunta ¿Cómo fortalecer la participación de la mujer en la escritura, el arte, la música, la política desde el ámbito educativo.

Como objetivo general planteamos: Generar un ambiente de ejercicio de los derechos asumiendo a todos los miembros de la comunidad educativa como sujetos sociales activos dentro de una sociedad incluyente por medio del análisis de obras latinoamericanas como objetos de estudio y de diversas actividades relacionadas con la equidad entre géneros.

Después de realizar la lectura de las obras literarias y hacer el rastreo de los temas seleccionados, los chicos hicieron canales de TV con sus reflexiones, poemas, poesías, carteleras y ensayos. Este libro es el Módulo 1 y recoge algunos ensayos de las niñas que se encuentran después del escrito de la profesora que aparece de primero para dar ejemplo y aplicar un poco lo que dice el pedagogo Alfonso Reyes sobre la hipocresía. Los maestros ponen a los niños a leer y escribir pero ellos no lo hacen.

Algunas mujeres feas en el Quijote y en la Ciudad y los perros.

 

“Esta es una sociedad de la crueldad,

del desprecio, de la exclusión; muy española por cierto”

(Memo Ánjel; Nov. 1/2014)

 

Como una meta personal me he propuesto leer demasiado porque poco a poco he ido fortaleciendo algunas habilidades relacionadas con el lenguaje, y cuando digo fortaleciendo, lo hago como una utopía que sirve para seguir caminando por desiertos, bosques que jamás recorreré en su totalidad porque es demasiado difícil para mí, para cualquier ser humano, y más cuando hablamos de   la buena escritura.

Cuando el profesor Memo Ánjel nos dio la posibilidad de hacer vídeos, diapositivas, dibujos como trabajo final en el curso: Tradición literaria, se me iluminaron los ojos y  pensé: salí fácil de ésta, pero sentada en una silla del metro me dije: y hasta cuándo me voy a escudar en que no importa tener dificultades escriturales porque otras cosas las hago bien. Si corro el riesgo de presentar el trabajo escrito, lo fijo es que el profe lo va a destrozar. Si lo destroza, la nota será muy baja y si la nota es baja me “tiro” la materia. Bueno, en este dilema estuve hasta las 12:00 de la noche del sábado, aburrida, estresada, y un poco vulgar, sí a las mujeres también se nos escapan palabrotas. Dejé de darle vueltas al asunto y aquí estoy, tomando el riesgo, tratando de hacer un escrito que al fin y al cabo no tengo la más mínima idea de cómo resultará. Inicio diciendo que mi vestigio es la presencia de mujeres feas, desaliñadas o grasosas en las obras “El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” escrita por Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) y “La ciudad y los perros escrita por Mario Vargas Llosa (1936)”; ambas constituyen, todo un conjunto armonioso y estético en el nivel literario. La primera en el denominado Siglo de Oro español, enmarcado dentro del Renacimiento europeo; período en el cual, el hombre surge como ser pensante después de haber vivido y trasegado por la trascendental época medieval o medioevo, en donde el teocentrismo primó sobre las conciencias de los seres europeos. Una de las obras más traducidas a varios idiomas, de las más destacadas de la literatura española y la literatura universal. La segunda obra es trascendental para nuestra época, pues abrió un ciclo de modernidad en la narrativa peruana a la par con otras obras de diversos autores de Latinoamérica, dio inicio al llamado “boom latinoamericano”. Ha tenido múltiples ediciones y ha sido traducida a decenas de idiomas. Fue incluida en la lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX[1]. El autor gana con ella el premio de la crítica Española y el nobel de literatura en el 2010.

     En ambas obras es recurrente el tema de la mujer fea, desaliñada, sin gracia independiente de si es obesa o delgada. En las obras aparecen varias mujeres con estas características; el rastreo lo haré tratando de hallar encuentros y desencuentros entre los personajes.

     La ciudad y los perros narra la historia de un grupo de jóvenes que ingresan al colegio militar Leoncio Prado ubicado en el Perú por diferentes razones: para continuar una herencia familiar como el poeta o Alberto Fernández, para hacer a los hijos más hombres como lo hace el papá del esclavo o Ricardo Arana, para cambiar una historia de delincuencia o pobreza como Cava y el Jaguar. Éste último accede a las pretensiones sexuales de las esposa del padrino, pues no tiene quien más lo ayude a ingresar al colegio que podría cambiar su vida; al final de la obra el autor demuestra que una segunda oportunidad en la vida si logra cambiar el rumbo de algunas personas (él aprovechó un entrenamiento en el monte y mató al esclavo por soplón: lo acusa de informar que Cava robó el examen de Química. El teniente Gamboa no desea complicarse la vida por el manejo corrupto que le dan a la situación y le da esa segunda oportunidad a Jaguar). Estando en el colegio, sometidos a vejaciones por los alumnos de quinto grado, hablan, discuten y los nuevos: Cava, Boa, Jaguar, el poeta, el esclavo entre otros; forman el círculo para protegerse de  otros alumnos. Algunos de ellos llegan a estrechar lazos de amistad. Este es el caso del poeta y del esclavo, ambos hablan de cosas personales como asuntos familiares y relaciones amorosas.  Con respecto a las relaciones amorosas el esclavo le habla mucho de una niña llamada Teresa a quien conoció en el barrio, le dice que él mismo se le presentó porque se había enamorado de ella después de mirarla muchas veces desde su balcón. Cuando el esclavo es consignado porque se echa la culpa del robo de un examen de Química le pide a Alberto que vaya donde su Tere y le informe  por qué no puede cumplirle la cita para ir al cine. Éste le hace el favor a su nuevo amigo pero cuando la ve queda impresionado por lo fea que es, en efecto Llosa (2012, p. 111) afirma: “Ya sabía que era fea", pensó, apenas la vio, en el primero de los peldaños de su casa. Y dijo, rápidamente: -Buenas tardes. ¿Está Teresa?”.

       El poeta  invita a Teresa al cine, lo hace por cortesía, ya que le inspira lástima por las condiciones económicas en la que vive, por lo sencilla, humilde, y poco oportunista pues ella no aprovecha que él también es un joven bien parecido y de alta clase y ella le hace saber que no es correcto salir con él, no lo considera apropiado. Alberto no cede y Tere por intriga de la tía, acepta. Por el camino hacia el cine, ella insiste en irse para donde una amiga, que él no tiene por qué salir con ella. La tía no lo sabrá; él la mira y piensa en lo fea que es; la mira nuevamente como absorto, al respecto Llosa (2012, p.114) asevera: "Es fea pero tiene bonitos dientes, pensó Alberto; ¿cómo se le habrá declarado el Esclavo?".

       Este episodio guarda cierta similitud con el Capítulo  XXXI de la primera parte del Quijote, cuando éste también le pide a Sancho que le lleve una carta a Dulcinea y le diga cuánto la necesita. Sancho le dice que Aldonza no leyó la carta porque  no sabía leer ni escribir, que la rompió diciendo que no la quería dar a leer a nadie, para que no se enteraran de sus secretos y  que no la vio como él se lo había dicho (Sancho está inventando), que no la encontró ensartando perlas, o bordando alguna empresa con oro de cañutillo para su cautivo caballero, así lo narra Cervantes

No la hallé -respondió Sancho- sino ahechando dos hanegas de trigo en un corral de su casa. Pues haz cuenta -dijo don Quijote- que los granos de aquel trigo eran granos de perlas, tocados de sus manos…Cuando yo se la iba a dar -respondió Sancho-, ella estaba en la fuga del meneo de una buena parte de trigo que tenía en la criba, y díjome: "Poned, amigo, esa carta sobre aquel costal, que no la puedo leer hasta que acabe de acribar todo lo que aquí está. (2004, p. 310).

      Don Quijote menciona que ella es muy discreta, que la rompió para leerla despacio y recrearse con ella. Le pregunta que si sintió una fragancia aromática, y un no sé qué de bueno, que no acertaba en darle nombre, pero  Sancho le dice que sintió  un  tufo como de guantero, algo hombruno; y debía de ser que ella, con el mucho ejercicio, estaba sudada y algo correosa. Quijote le dice algo así como que el que primero lo huele debajo lo tiene, en efecto Cervantes

Te debiste de oler a ti mismo; porque yo sé bien a lo que huele aquella rosa entre espinas. Todo puede ser que muchas veces sale de mí aquel olor que entonces me pareció que salía de la señora Dulcinea; pero no hay de qué maravillarse, que un diablo se parece a otro (2004, p.312).

      El esclavo le deja muy claro al poeta que ama a Teresa, que la ve hermosa, que necesita una mujer como ella para enamorarse, el destino le facilitó su búsqueda al ser vecina suya; y así mismo lo hace ver el Quijote cuando en el capítulo I de la primera parte dice que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse y recuerda que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él estuvo un tiempo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo. Tere tampoco supo del amor del esclavo, ella siempre le dejó claro a Alberto que era una amistad, que jamás se había besado con Ricardo Arana. Quijote al igual que el esclavo le revela la identidad de su amada a la persona en quien más confía. El esclavo le da el nombre de su amada al poeta por los gestos que éste ha tenido con él dentro del colegio, era la única persona con la que hablaba. Quijote le da el nombre de su amada a su fiel escudero diciéndole que se llama Dulcinea (no menciona el nombre Aldonza Lorenzo), ésta es  hija de Lorenzo Corchuelo[2] y Aldonza Nogales. Sancho la reconoce como Aldonza Lorenzo y la describe según Cervantes: “masculina, fortachona, con  una voz nada delicada, nada melindrosa, con mucho de “cortesona[3]” y burlona. (2004, p.33).

Pero ambas novelas no solamente muestran el trato descortés hacia sus protagonistas mujeres, también lo hacen con personajes secundarios, como Sanchica, la tía de Tere, Teresa Panza, la mamá de Alberto y la mamá del esclavo. Así describe el autor en la Ciudad y los perros a la tía de Teresa cuando Alberto  la conoce, pues el narrador la dice

La mujer era gorda, sebosa y. sucia; los pelos lacios caían a cada momento sobre su frente; ella los echaba atrás con la mano izquierda y aprovechaba para rascarse la cabeza. En la otra mano, tenía un cartón cuadrado con el que hacía aire a la llama vacilante; el carbón se humedecía en las noches y, al ser encendido, despedía humo: las paredes de la cocina estaban negras y la cara de la mujer manchada de ceniza. "Me voy a volver ciega", murmuró. El humo y las chispas le llenaban los Ojos de lágrimas; siempre estaba con los párpados hinchados (2012, p.100).

      Después de frecuentar a Tere varias veces en aras de llevarle informe sobre el esclavo se enamora de ella, y se reprocha ese hecho. La fealdad física va desapareciendo ante sus ojos, y es la inteligencia de esta niña, la capacidad de superar las dificultades, su forma de hablar, su honestidad lo que la embellecen y así empieza él a hacérselo saber

Que no has tenido enamorados. -Dudó un segundo: -Todas las chicas bonitas tienen los enamorados que quieren.  -Oh -dijo Teresa- Yo no soy bonita. ¿Crees que no me doy cuenta? Alberto protestó con calor y afirmó: "eres una de las chicas más bonitas que he visto". Teresa se volvió a mirarlo. (2012, p.119)

       Nuevamente en un proceso de negación le oculta al esclavo que la ha visto varias veces, no quiere escribirle más cartas: lo mata la culpa, los celos y le dice al esclavo que su novia es fea, que él no la ha vuelto a ver y por eso no le ha dado los recados y que no se preocupe porque si él tampoco  la ha podido ver por el encierro, que no se pierde de nada, en el mundo hay mejores mujeres. El esclavo fiel a su sentimiento como el Quijote, deja claro que para él, es la única. Llosa lo narra así

Hoy se cumple un mes que no salgo - dijo el Esclavo- Nunca he estado consignado tanto tiempo. -Ya podías acostumbrarte….Por este maldito colegio no he podido verla. Y a lo mejor ya se le declaró alguien. -¿Quién? -Qué sé yo; alguien. Es muy bonita. -No tanto. Yo diría que es fea. -Para mí es bonita. (201, p.149)

Sancho como el hipócrita de Alberto, le insiste a su amo que hay otras mujeres porque piensa más en sus necesidades, por eso en el Capítulo  XXX  le reclama a Quijote porque no se va a casar con Dorotea, que debería hacerlo, ahora que la tienen como llovida del cielo, y después puede volverse con la señora Dulcinea; y los justifica con los reyes del mundo que han sido amancebados. Además él nunca ha visto a su Dulcinea y si lo llegó a hacer no vio su hermosura, Cervantes en efecto,

En lo de la hermosura no me entremeto; que, en verdad, si va a decirla, que entrambas me parecen bien, puesto que yo nunca he visto a la señora Dulcinea.

¿Cómo que no la has visto, traidor blasfemo? -dijo don Quijote-. Pues, ¿no acabas de traerme ahora un recado de su parte?  Digo que no la he visto tan despacio -dijo Sancho- que pueda haber notado particularmente su hermosura y sus buenas partes punto por punto; pero así, a bulto, me parece bien. (2004, p. 307)

          Para enmarcar el tema que venimos rastreando, pasamos al Capítulo XLII de la primera parte, en el que vemos como Sancho trata a su mujer como le da la gana. Teresa le pregunta a Sancho qué son las ínsulas, éste le contesta que a su tiempo lo verás, y que se llamará: Señoría de todos tus vasallos.  Teresa Panza, dice que así se llama porque se usaba en la Mancha tomar las mujeres el apellido de sus maridos y en la segunda  parte del Capítulo V dice que le  pusieron en el bautismo un nombre escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives de dones ni donas; Cascajo se llamaba su padre, la deberían llamar Teresa Cascajo.

Este reclamo, si podemos decirlo así, es la autoexpresión del yo de una mujer que logra manifestarse por momentos a pesar de los múltiples maltratos que le daba su marido: bestia, boba, mujer de barrabás, animalia, mentecata, ignorante, urraca. El trato es tan exagerado que por el modo de Sancho, el traductor de la historia dio por apócrifo el capítulo.

         Esa misma crisis existencial la sufre Quijote con su triste superficialidad, ya que en la segunda parte del capítulo X cuando se adelantó en recibir a las tres aldeanas y de rodillas en el suelo les dijo que eran: una reina, una princesa y una duquesa de la hermosura, pero al acercarse y verlas tan feas se le olvida su cuento de caballero y le dice a su escudero, según Cervantes

La transformaron y volvieron en una figura tan baja y tan fea como la de aquella aldeana, y juntamente le quitaron lo que es tan suyo de las principales señoras, que es el buen olor, por andar siempre entre ámbares y entre flores. Porque te hago saber, Sancho, que cuando llegé a subir a Dulcinea sobre su hacanea, según tú dices, que a mí me pareció borrica, me dio un olor de ajos crudos, que me encalabrinó y atosigó el alma.

-¡Y que no viese yo todo eso, Sancho! -dijo don Quijote-. Ahora torno a decir, y diré mil veces, que soy el más desdichado de los hombres” (2004, p.622)

          El fragmento anterior nos muestra esa crueldad encarnada, esa doble moral con la que se juega a ser muy espiritual, muy educado, muy caballero. Palabras vacías, sin sentido que adquieren color “inmundicia” cuando se enfrentan los hombres a los placeres carnales.  Si la carne es la que se manifiesta, si los bajos instintos afloran, la espiritualidad y el alma se van al carajo. Pongo en consideración también el Capítulo XIII de la segunda parte en la que hablan el caballero del Bosque y Sancho, pues ni su hija Sancha panza se escapó de los insultos y comentarios descomedidos. El señor del bosque dijo que tenía determinado dejar estas borracherías y retirarse a su aldea a criar sus tres hijos como tres orientales perlas.

 Sancho dice que tiene dos que se pueden presentar al Papa en persona, especialmente una muchacha a quien cría para condesa, si Dios fuere servido, a pesar de su madre. Le cuenta que tiene quince años, dos más a menos, pero es tan grande como una lanza, y tan fresca como una mañana de abril, y tiene una fuerza de un ganapán. El del bosque contesta de manera burda con supuestos halagos que se empleaban en la época, veamos como no lo cuenta Cervantes: “no sólo para ser condesa, sino para ser ninfa del verde bosque. ¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe de tener la bellaca!” (2004, p.640).

       Sancho reprocha esas palabras, algo mohíno según lo narra Cervantes: “Ni ella es puta, ni lo fue su madre, ni lo será ninguna de las dos, Dios quiriendo, mientras yo viviere” (2004, p.640). Le solicita que hable más comedidamente, que, para ser un caballero andante, no son muy concertadas esas palabras. Más adelante continúan las descripciones escuetas y sin  cuidado hacia las féminas, precisamente en el capítulo XVI  cuando él imaginó que la venta era un castillo. En él, el ventero, la mujer y una hija ayudan a Quijote que traía rotas las costillas. En la venta describen a las mujeres que atienden y a Maritornes la caracterizan como una prostituta que en la noche se equivocó al besar y abrazar al Quijote creyendo que era el arriero. Después en el capítulo XXVII de la primera parte ésta se arrepiente diciendo: “Maritornes, que prometió de rezar un rosario, aunque pecadora, porque Dios les diese buen suceso, (2004:258). La descripción que se hace de ella no es para nada generosa, pues Cervantes dice: “Servía en la venta una moza asturiana, Maritornes, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, de un ojo tuerta y del otro no muy sana. Le hicieron una mecha de cama” (2004:138). Este apartado coincide con la descripción que hace el poeta en la Ciudad y los perros cuando va a tener su primera experiencia sexual con “la pies dorados” (prostituta recomendada por todos los alumnos del colegio Leoncio Prado[4]), Llosa lo menciona así

La mujer se había incorporado. En efecto, era bajita: sus pies solo rozaban el suelo. El pelo teñido dejaba ver un fondo negro bajo la maraña desordenada de rizos rubios. La cara estaba muy pintada y le sonreía…ese cuerpo regordete que los prolongaba y esa boca insípida y sin forma y esos ojos muertos que lo contemplaban (2012, p. 125).

      El mismo personaje habla del maltrato que padece también su madre, cuando ve a su padre e imagina en hacerle conocer que él es sabedor del maltrato que le ejerce a su madre al engañarla con diferentes mujeres, y piensa que podría sobornarlo ya que tiene dinero. Así se vengaría  por lo que le hace a su mamá, pero no es capaz de enfrentarlo, todo queda en simples pensamientos, Llosa así lo muestra

Podría ir y decirle dame veinte soles y ya veo, se le llenarían los ojos de lágrimas y me daría cuarenta o cincuenta, pero sería lo mismo que decirle te perdono lo que hiciste a mi mamá y puedes dedicarte al puterío con tal que me des buenas propinas." Bajo la bufanda de lana que le regaló su madre hace meses, los labios de Alberto se mueven sin ruido (2012, p.17).

      Después de todos los engaños que soportó su madre, de todas las humillaciones, piensa en lo intensa que estaba con el cuento de la belleza, con rejuvenecer para llamar la atención de un hombre que la veía como un mueble más; pero como su padre vivía de las apariencias la atormentaba proponiéndole vivir juntos para que ella no perdiera las comodidades y él su reputación. Los militares debían tener una familia bien conformada, el narrador lo plantea de esta manera

Era menuda, de piel muy blanca, de ojos hundidos y lánguidos. Sin maquillar y con los cabellos en desorden…Alberto recordó una época relativamente próxima: su madre pasaba horas ante el espejo, borrando sus arrugas con afeites, agrandándose los ojos, empolvándose; iba todas las tardes a la peluquería y, cuando se disponía a salir, la elección del vestido precipitaba crisis de nervios. Desde que su padre se marchó se había transformado (2012, p. 98).

       Este tema de maltrato es recurrente en ambas obras, y se  hace más vivo con la madre del esclavo a quien el esposo insulta, grita, golpea porque la culpa todo el tiempo de haber convertido a su hijo en un marica con tanto mimo y sobreprotección. Lo considera  afeminado porque barre, trapea, no dice groserías, no es mujeriego. El esclavo llora al ser consciente de las relaciones sexuales de sus padres mezcladas con violencia, pues discuten durante muchas noches, y en varias ocasiones presencia los gritos, los golpes que le da a su madre. Una noche el padre lo deja inconsciente después de darle una golpiza, ya que al ver que arrastraba de los cabellos al ser que más amaba; él trató de defenderla, veamos cómo lo narra Llosa

De pronto la habitación estaba llena de una voz tronante y de un vocabulario que nunca había oído. Tuvo miedo y dejó de pensar. Las injurias llegaba hasta él con pavorosa nitidez y, por instantes perdida entre los gritos y los insultos masculinos, distinguía la voz de su madre, débil suplicando…”No le pegues a mi mamá”…la cogía de un brazo y la arrastraba como si fuera un trapo”. (2012, p.95)

     Después de todos los problemas  del poeta en el colegio: la traición a su amigo, la muerte del esclavo, las consignas, los robos, las bautizadas, la golpiza a “malpapeada”, el robo del examen, el poeta siente angustia y se reprocha lo que hizo. No quiere contestar las cartas, el recuerdo de Tere lo inquieta  y piensa: "ya hace más de dos años. Cómo pasa el tiempo". Cerró los ojos: evocó el rostro de Teresa y su cuerpo se llenó de ansiedad” (2012:448). Sí, la misma ansiedad de nuestro Quijote quien termina cansado, enfermo y sin la mujer de sus sueños. Inmersos están en una realidad deprimente en la que se sobrevaloran estereotipos forzados, amañados.

       Cuanto hay que agradecerles a esas mujeres campesinas o de la ciudad que día a día trabajan como mulas de carga para ayudar a sus maridos o para levantar solas a sus hijos. Esas mujeres de verdad que no tienen tiempo, ni dinero para comprar perfumes o cremas que oculten su olor a humanidad.

       La sociedad necesita esas mujeres cansadas, sudadas, agotadas pero felices de vivir. Mujeres que no saben de dietas, de tintes, de clubes. Necesitan nuestros ojos aprender a ver las almas en lugar de cuerpos para que cambie el concepto de belleza. Quijote, Alberto y el esclavo así lo hicieron. Sus mujeres tan humanas, tan reales fueron las más hermosas.

Bibliografía

De Cervantes, S. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Año: 2004. Bogotá. Santillana Ediciones Generales. Diseño de cubierta: Carolina Valcárcel. Cubierta: Manuel Estrada. Edición Aguilar, Alfaguara, S.A.

Llosa, M. La ciudad y los perros. Año: 2012. Italia. Santillana Ediciones Generales. Diseño de cubierta: Carole Hénaf


[1] Del periódico español «El Mundo».

[2] Cap. XXVI, primera vez que aparece en la historia.

[3] Prostituta.

[4] Él no fue capaz de tener sexo con ella. Allí se enteró que muchos “cañaban” porque les pasaba lo mismo.

[1] Nuestro aparato teórico incluye muchos otros nombres, pero estos aquí mencionados en el Resumen/Abstract serán la base fundamental de nuestro dispositivo teórico.

[2] Es caricaturista, diseñadora, pintora y entrevistadora mexicana.

[3] http://mar-mardeideas.blogspot.com/2011/07/sororidad-la-nueva-cultura-de-hermandad.html

2 Comentarios

Imagen de Lina María Álvarez Uribe
Publicado: Mar, 02/14/2017 - 19:32
Hola. Espero les guste mi trabajo. Un abrazo.
Imagen de Lina María Álvarez Uribe
Publicado: Mar, 02/14/2017 - 19:33
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